Era la última puerta al final del largo pasillo, la habitación más privada de todas, y tras de ella me esperaba, desnuda sobre las sábanas de satén apenas cubriendo sus pechos por el abanico que para la ocasión llevaba. Cuando abrí la puerta su mirada se encontró con la mía y acto seguido dejó caer el abanico.
Me acerqué sin dejar de observarla y lo cogí para comenzar a deslizarlo por su cuerpo lentamente a ras de su piel. Su estremecimiento fue inmediato al sentir el roce de las puntas de la varillas surcándola de extremo a extremo, guiadas por mi mano interpretaban otro lenguaje. El del placer más perverso.
Cuando toqué su vientre se arqueó tensándose con ansias, pero algo más palpitaba en ella con mayor urgencia.
Llevó su cabeza hacia atrás cuando perfilé el abanico entre sus erguidos pechos ofrecidos al tacto ligero que propinaba con suavidad sobre sus pezones erectos.
Sus gemidos no se hicieron esperar y oferentemente se abrió ante mí, giré el abanico, cuyo padrón en su extremo poseía forma fálica y desde ese instante su baile más placentero comenzó, al ritmo de mi mano maestra.
© DUlCE
Sin duda la mejor danza. Un relato elegante y sensual, mi querido Dulce. Un gran broche de oro.
ResponderEliminarMil besitos con cariño para ti.
La mejor ciertamente, aquella donde el cuerpo se entrega al placer. Y es un placer que haya sido de tu agrado Mi Querida Auro.
EliminarBesos muy dulces con mi cariño 💜
La espera es importante y el mensaje de la caída del abanico.
ResponderEliminarTodo un ritual donde se plasma el paraíso, la caricia más ansiada.
Entre la posesión y la entrega, un juego de abanico y de sensualidad
de esos relatos, que piden una segunda parte...
Besos dulces Dulce, tienes ese doM
Toda espera que encuentra respuesta vale vivirla. Un juego, o juegos compartidos que así son mucho mejor. La segunda parte queda a la imaginación, aunque ya se sabe hacia dónde va ;) Detrás de esta puerta pasa todo lo que la mente imagine.
EliminarBesos siempre dulces Corita 💜